La primera vez que me choqué con una obra de Wendy Castro, fue en una exposición del Banco Central de Reserva del Perú (BCRP) hoy Museo Central (MUCEN). Esa obra se titulaba “… vamos”, técnica mixta sobre mdf. (2010) reflejo de los tiempos políticos, donde la artista arenga sobre la necesidad de seguir un camino en favor de la patria. Me pareció interesante la forma de resolver el discurso visual, mediante la sobreposición de imágenes, dando como resultado una nueva narrativa, sus obras como escenografías, donde cada parte hace las veces de los actores y, por ende, el resultado final es una puesta en escena con exactitud y pulcritud.

La Escuela de Arte, Macedonio de la Torre, donde ella se formó, está ubicada en Trujillo, mantiene una tradición que no siempre es efectiva en sus aportes artísticos, sin embargo, gracias al trabajo personal de muchos de sus egresados tiene presencia constante en el medio nacional del arte.

Wendy, es una artista con mucha fuerza, su obra es ingeniosa, trabajada con una destreza y paciencia técnica comparable al fotorrealismo, con esa técnica puede abordar los temas más espinosos y resolverlos en esa mezcla de gráfica, pintura, dibujo, escultura e instalación.

Transparencias que dan la sensación de la futilidad de los acontecimientos y la sensación de estar frente a un diorama. La he visto instalar su obra en el IV Concurso Nacional de Arte Contemporáneo del Instituto Cultural Peruano Norteamericano (ICPNA) y demorar la puesta en escena de cada pieza elaborada con inteligencia y corazón.

Cuando propuestas así vienen de esos entornos que estamos acostumbrados a llamar periferia, la apuesta del artista es doblemente arriesgada.

Primero: porque realiza un trabajo en un medio donde difícilmente reconocerán el valor artístico de su propuesta y menos se encontrará un posible mercado para que ese objeto pueda comercializarse.

Segundo: en su condición de artista mujer, los riesgos que toma debe batallarlos para conseguir apoyos, dado que, las entidades tienen un comportamiento marcadamente machista, a esto se suma su condición de madre, hecho al que no puede esquivar y responsabilidad que le hace cumplir un “compromiso” diferente al de otro artista.

Es justamente en ese rol, donde Wendy Castro ha realizado una de las acciones más tiernas, instrumentalizando la negatividad de la pandemia a salvar vidas de la depresión, acá transcribo sus palabras: realicé el laboratorio ciudadano Minihuertos urbanos y regalé 50 macetas con plantitas a ancianos y niños en pandemia. Ellos no podían salir y ese gesto y toda la comunicación que tuvieron luego por Whatsapp nos ayudó mucho a no deprimirnos en el encierro, a cuidar a nuestras plantitas y aprender. Un buen ejemplo para decir que hacer arte no debe reducirse a pintar un cuadro.

La serie “missing” del 2008, cuenta historias de personas perdidas, justamente, la traducción indica ese estado, en el país diariamente desaparecen personas a causa de la trata de las mismas y el trabajo infantil; en el caso de estas obras, se pueden ver niños perdidos, pero de afecto de hogar, eso nos lleva a pensar en missing, desde el apego que uno pierde, que es otra manera de ver esa carencia y eso hace colegir, que en Wendy, hay un ser maternal que es parte de su obra (se puede identificar su silueta en la escena), un componente íntimo evidenciado con la más transparente sutileza.

No necesariamente desde el extravío del cuerpo sino desde la ausencia del cariño, testimoniando la mirada de una artista madre. Desde esta óptica, la intimidad y cotidianidad de la casa, es que la artista, pueda darse cuenta de lo que se va desvaneciendo; suena paradójico, pues convivir debe fortalecer lazos, sin embargo, la artista incide en que, en esa vivencia diaria, hay rendijas por donde se van perdiendo o quebrando atadura, y son los otros, los hijos en este caso, en quienes se constata esa zozobra. Missing puede extenderse a la vida cotidiana de la artista, en los desplantes y fracasos del sistema, las ingratitudes y las deslealtades.

Wendy Castro, tiene un proyecto llamado ADECUSOC, donde realiza gestión tanto con la empresa privada como estatal y ayudan a formalizar asociaciones, como dice ella: También trabajamos con los barrios para mejorar su entorno, hemos realizado laboratorios ciudadanos y capacitación en arte y artesanía inspirados en la cultura de la zona donde estamos trabajando, por ejemplo en Moche trabajamos en optimizar recursos con los artesanos, en Huacho igual, les enseñamos a realizar artesanía con temática Chancay.

Su aporte, desde la región Norte, con nuevos relatos, con un discurso desde su condición de provinciana es válido en cualquier contexto y sobre todo sin recurrir al sermón lastimero que abunda en provincia, es la mejor manera de hacerse ver, proponer con holgura intelectual y honestidad.

Seguramente el país y el circuito del arte no cambiarán mañana. Hay una Wendy Castro, como un número significativo de artistas, abriendo trochas desde otras latitudes del territorio, yendo más allá de un modelo descentralizador, construyendo en el lugar donde están. Seguramente, para cuando el monstruo llamado centro, se anime a cambiar de lugares, se encontrará con polos encaminados y trochas que fluyen como autopistas.

Fuente: Diario Regional Ahora de Huánuco
Una nota de: Israel Tolentino