El arte en sus distintas expresiones tiene la capacidad de explorar culturas, identidad e incluso la historia. Angie Cienfuegos, artista transdisciplinaria peruana, lo demuestra a través de sus distintos proyectos en donde la autopercepción y la memoria juegan un papel importante. Con motivo de cerrar el mes de la cultura afroperuana, Espacio Cultural Cordillera conversó con ella acerca de sus obras.

Un proyecto de usted que me parece muy fascinante es el de la Cultura Afrolítica, pues crea un revisionismo histórico en donde las personas afros no solo tienen autonomía sobre ellos mismos sino que también tienen su origen en el mismo país, además de simultáneamente valorizar el aporte afro a la historia. ¿Cómo surge la necesidad personal para este proyecto y que conceptos o elementos de la cultura africana siente que influenciaron más?

Antes de ser artista o de prepararme en la Escuela de Bellas Artes, siempre he tenido este cuestionamiento sobre de dónde vengo, mi procedencia. Sobre todo porque me he dado cuenta que, al menos en la sociedad de donde yo vengo, hace 10 o 20 años, definirse y aceptarse como afrodescendiente, era un poco difícil, porque había esta idea del blanqueamiento social. Esta es una idea bastante estudiada por muchos sociólogos. Esta búsqueda de querer blanquearse constantemente en muchos aspectos.

A partir de esta observación de mi entorno familiar, con muchas acciones de racismo naturalizado y de autopercibirme como afrodescendiente es que yo empiezo a buscar una manera de narrarme de manera alternativa al concepto de afrodescendencia que yo había aprendido en mis entornos familiares. Para algunas personas afrodescendientes que conozco, aceptar que la sociedad les discrimina y la naturalización del racismo les ha llevado a autopercibirse de una manera caricaturizada y es difícil de aceptar. Esto se ha probado con los censos que ha habido en el Perú, con la pregunta de “¿cómo tu te autopercibes?”.

El trabajo que yo tengo como artista es, a partir de estas memorias aprendidas y las históricas hegemónicas acerca de la llegada de los africanos esclavizados al Perú y latinoamérica en general, yo empiezo a construir nuevas memorias, memorias alternativas. Estas se anteponen a lo que se concibe de manera discriminatoria. En mi trabajo sigo construyendo nuevas memorias con dos proyectos que inicié en Perú y continúo acá en España. Uno es la Cultura Afrolítica Peruana, que es una narrativa que proviene de un concepto de un revisionismo histórica de una cultura africana que llegó al Perú voluntariamente y se asentaron en los albores prehispánicos. Esta cultura ficticia desarrolló diferentes expresiones culturales.

“En mi trabajo sigo construyendo nuevas memorias”

Aquí desarrollé otro proyecto basado en el concepto de las Carimbas, la marcas al rojo vivo que se hacían en la piel de los esclavos. Estas marcaron nuestra memoria y una construcción histórica sobre quiénes fueron los africanos que llegaron aquí. Es como una herencia que se ha transformado a través de la cultura. En mi proyecto artístico extraigo este concepto de la Carimba para deconstruirlo de manera emancipada.

“Aquí desarrollé otro proyecto basado en el concepto de las Carimbas, la marcas al rojo vivo que se hacían en la piel de los esclavos.”

angie cienfuegos

¿Qué aprendió y qué más le gustaría explorar, tanto temática como formalmente?

Todo parte de mi linaje familiar. Mis antepasados fueron esclavos africanos que llegaron al sur de Perú. Yo crecí en Pisco. Tras una investigación que hizo mi abuelo, quien tenía la misma inquietud, hallamos documentos históricos y relatos de la localidad. Llegamos a la conclusión de que nuestros antepasados habían llegado de lo que es ahora Guinea Occidental. Llegaron acá y fueron esclavizados en haciendas azucareras. Yo uso la miel de panela, o chancaca con la que creo una tinta vegetal con la que pinto. Tiene reminiscencia a mis antepasados africanos porque esta panela quemada deja de ser dulce y pasa a ser amarga. Este paso de dulce a amargo también significa un tránsito de la inocencia. Esto también me hace recordar a Victoria Santa Cruz y este poema que tiene, cuando se da cuenta de que es negra. Cuando eres niño no te das cuenta, hasta que te das con la realidad y muchas veces es la propia familia. Te das cuenta de que verse negro es feo. Esa ruptura con la inocencia es a través de la miel de panela quemada, mi propia sangre quemada.

¿Y con la Cultura Afrolítica?

En el caso de la Cultura Afrolítica, todo parte de un concepto de un museo posible. Entonces, son piezas arqueológicas encontradas o también pueden ser reproducciones. Utilicé algodón, las teñí naturalmente con tintas naturales, con miel de chancaca e hice tejido, bordado.

¿Por qué un museo y no un centro cultural, centro de estudios o otras propuestas para seguir explorando la Cultura Afrolítica?

Al comienzo pensaba en crear un espacio itinerante y luego tal vez crear un espacio en donde surjan siempre nuevas piezas. Esta narrativa siempre está en transformación. Así como esta cultura muestra sus actividades y vida cotidiana, también está enlazada a la parte educativa y hacer interactuar a las personas o crear fábulas.

Ha tocado anteriormente el tema de tus antepasados afroperuanos y su importancia. ¿Cree que en las diversas técnicas que ha trabajado ha encontrado alguna que le funcione mejor para sentirse cercana a ellos o le ayude a representar sus sentimientos sobre el tema?

Yo creo que la misma práctica me hace cercana a mis antepasados, o me hace compartir el mismo sentimiento. Las piezas no son solamente un objeto para mostrar, sino que se involucran conmigo porque también están siendo una catarsis. Yo estoy siendo partícipe, son rituales personales, pero estoy colaborando para construirlas. Por ejemplo, con las Carimbas, yo solo puedo controlar el fuego parcialmente. Todas estas sensaciones se extienden. No son solo las piezas, sino que yo también estoy purgando mis propios relatos fantasmagóricos sobre cómo me percibo, cómo me debo sentir, quién soy yo. En este tiempo uno se puede construir a sí mismo. Al igual que los afrolíticos, que son unos hombrecillos que nos muestran su forma de vida. No están sujetos sobre la base de un concepto de cómo fue antes de la esclavitud.

“Las piezas no son solamente un objeto para mostrar, sino que se involucran conmigo porque también están siendo una catarsis.”

¿Qué reflexión le queda acerca del concepto de africanía y su importancia cultural, teniendo en cuenta este proyecto?

Yo creo que en estos tiempos se da más la idea de cómo uno se percibe y cómo se manifiesta a la sociedad. Hay más oportunidades para hacerlo. Siendo afrodescendiente, yo también me pongo en un casillero conceptual. Todos son casilleros que la sociedad nos pone desde la caricaturización del ser humano. Lo que yo creo que es importante es pensar que la diferencia no nos hace distantes, sino que nos enriquece. Sentirse diferente, presentarse diferente y tener el carácter para sentirse y ser diferente. No solamente es aceptar cómo eres y ver cómo en la publicidad se me hace broma o parodia. Creo que cada persona se merece respeto y uno se tiene que respetar a sí mismo. Ahora es el tiempo que nos brinda más posibilidades, sobre todo en el arte, hay más plataformas para que los artistas puedan difundir sus ideas y llegar a más personas.

Entrevista: Hiro Ramos